Logró fugarse de Venezuela disfrazada con peluca, viajar hasta Curazao y de ahí a Oslo, aunque no pudo estar presente en la ceremonia del Premio
La dirigente venezolana María Corina Machado, Premio Nobel de la Paz, llegó ayer a Oslo horas después de que su hija Ana Corina Sosa recibiera el galardón en su nombre por la defensa de la democracia y los derechos humanos, anunció el Comité Nobel.
En la clandestinidad desde agosto de 2024, Corina Machado, de 58 años, consiguió salir de Venezuela de manera clandestina y viajó por vía marítima hasta la isla caribeña de Curazao, como parte de una operación mantenida en estricto secreto para salvaguardar su seguridad.
La información fue ofrecida por el diario norteamericano The Wall Street Journal, que la atribuye a fuentes gubernamentales no reveladas
El traslado, coordinado por aliados cercanos, indica el diario, buscó evitar filtraciones que pudieran ponerla en riesgo, dado que Machado ha pasado gran parte del último año en la clandestinidad para eludir una posible detención por parte del régimen de Nicolás Maduro.
Dos aviones de combate F-18 de la Armada de Estados Unidos sobrevolaron durante unos 40 minutos el golfo de Venezuela, describiendo círculos cerrados cerca de la ruta marítima hacia Curazao.
Fue la incursión aérea estadounidense más cercana al espacio venezolano desde el refuerzo militar iniciado en septiembre.
En paralelo, bajo ese mismo cielo, la dirigente opositora consumaba una de las fugas más arriesgadas de la política latinoamericana reciente
La agencia EFE señala que Machado llegó en la madrugada del jueves a la capital noruega a bordo de un avión privado que, según las páginas de rastreo de vuelos FlightRadar24 y FlightAware, partió esta mañana desde Curazao, una de las islas de los Países Bajos en el mar Caribe, situada solo 65 kilómetros de la costa de Venezuela.
Disfrazada con una peluca y vestimenta para pasar desapercibida, Machado salió el lunes por la tarde de un suburbio de Caracas donde había permanecido oculta durante casi un año.
El primer tramo fue terrestre: durante unas diez horas, ella y dos colaboradores atravesaron diez puestos de control militar, eludiendo la detección hasta alcanzar, pasada la medianoche, una aislada aldea pesquera en la costa.
Tras unas pocas horas de descanso, inició el tramo más peligroso. A las cinco de la mañana, Machado abordó una pequeña embarcación de pesca de madera rumbo a Curazao. El mar Caribe presentaba fuerte oleaje y vientos adversos, lo que retrasó la travesía.
Antes de zarpar, la red venezolana que organizó la operación avisó a fuerzas militares estadounidenses sobre la identidad de los ocupantes, ante el riesgo de que la lancha fuera confundida con rutas de narcotráfico, varias de las cuales han sido atacadas recientemente.
Machado llegó a Curazao alrededor de las tres de la tarde del martes. Exhausta, pasó la noche en un hotel bajo la custodia de un contratista privado especializado en extracciones. Al amanecer del miércoles, un jet ejecutivo facilitado por un aliado radicado en Miami despegó rumbo a Oslo.
Antes de abordar, grabó un breve mensaje de agradecimiento a quienes «arriesgaron su vida» para hacer posible su salida. Machado aterrizó en el aeropuerto de Gardermoen sobre las 21:58 GMT de ayer.
La fuga se mantuvo en estricto secreto. Incluso el Instituto Nobel desconocía su paradero cuando comenzó la ceremonia en Oslo, donde su hija recibió el premio en su nombre.
«Muchas personas arriesgaron sus vidas para que yo pudiera llegar a Oslo», expresó Machado, agradeciendo el esfuerzo realizado para garantizar su salida. «Esto demuestra lo que este reconocimiento significa para el pueblo venezolano», añadió, al tiempo que lamentó no haber estado para la ceremonia.
El director del Instituto Nobel, Kristian Berg Harpviken, reconoció que el desplazamiento resultó «más complicado de lo esperado» y subrayó que Machado vive bajo «una amenaza de muerte clara» que, dijo, trasciende las fronteras venezolanas.



